jueves, 12 de julio de 2012

Incendio en el Puerto San Vicente de Talcahuano - 1993

Los grandes incendios siempre ocurren en inmuebles o estructuras donde el fuego se muestra implacable arrasando con todo lo que hay a su paso dejando una huella imborrable en la localidad donde ocurre.
Un caso como este fue el que ocurrió el 6 de marzo de 1993, pero en el mar, cuando un siniestro de proporciones se produjo en el puerto de San Vicente de Talcahuano, donde la inclemencia del siniestro extremó los recursos de bomberos quienes se encontraron con una compleja situación en que las llamas se propagaban desde el agua salada hacia la costa.
Más de 80 millones de dólares en pérdidas se registraron tras dicha emergencia ocurrida un día sábado, en que quedaron inutilizables buques, naves pesqueras, terminales, muelles y oficinas de flota de las empresas del puerto, además de la trágica muerte de un trabajador.
Eran las 6:15 de la mañana, cuando el Comandante de la época del Cuerpo de Bomberos de Talcahuano, Javier Etcheberry, era informado por radio de este suceso donde un rojo intenso acompañado de un denso humo negro comenzaba a apoderarse de las gélidas aguas que vaticinaban el fin del verano.
En estos instantes, varios barcos salieron mar a dentro entremedio del calor y peligro, mientras las once Compañías que componen el Cuerpo de Bomberos de Talcahuano con el apoyo de otras entidades bomberiles iban haciendo arribo para enfrentar el siniestro que afectaban las instalaciones portuarias.
El abastecimiento de los grifos a los carros bombas llegaban a estar a 15 cuadras de distancia del incendio, el cual revertía una complejidad aún mayor, ya que el fuego atacaba de manera frontal los estanques de combustibles que se encontraban frente al puerto, al igual que como cuando se calienta un metal con un soplete.
Es por esto que una de las primeras funciones de los voluntarios fue armar líneas con agua y bajar la temperatura de dichos depósitos, los cuales de explosar hubieran creado una catástrofe mayor a la que se vivía en esos instantes.

En todo este caos, donde las bocanadas de fuego alcanzaban más de 15 metros de altura, los barcos remolcadores sacaban mar a dentro las naves que se encontraban en la orilla, mientras otras ya se encontraban envueltas en llamas.
Dentro de los factores que aceleraron la expansión del incendio, fue el alto nivel de contaminación que existía en la bahía, especialmente p0or las manchas de petróleo que flotaban en el mar, las cuales llegaban a tener un espesor de más de 40 centímetros.
A eso de las 7 de la mañana, la situación era insostenible, cuando una serie de explosiones elevó la temperatura a unos 1200 grados obligando a la evacuación de todo el puerto de San Vicente. Tarea no menor si se considera que en la localidad en aquellos años vivían unos 20 mil habitantes.
Para esto, batallones del Ejército y la Armada se quedaron resguardando los bienes de los pobladores, quienes poco a poco fueron dejando sus casas, mientras veían como este complejo siniestro dejaba una desagradable nube tóxica en que el fuego por varias horas se concentró en la tierra y el mar y gracias al intenso viento reinante aumentaba su tamaño.
A una hora que se produjeron las explosiones, comenzaba una de las labores más difícil: extinguir los diversos focos que se encontraban en combustión en el mar, los cuales finalmente pudieron se extinguidos pasadas las diez de la mañana.
Sin embargo, la labores bomberiles no terminaron cuando sofocaron las últimas brasas que quedaban encendidas. Dada la alta temperatura que alcanzaron las embarcaciones que se quemaron, los trabajos de búsqueda de víctimas debieron realizarse en los días posteriores a este monumental incendio.
Finalmente a eso de las 5 de la tarde los cerca de 800 voluntarios que acudieron a esta emergencia pudieron dar por finalizada las labores de circunscripción y sofocación de las llamas, que pese a la envergadura que alcanzaron sólo cinco lanchas pesqueras terminaron totalmente calcinadas. Sin embargo, se tuvo que lamentar la muerte de un tripulante de una de las naves.

Pese a esto, en el Cuerpo de Bomberos de Talcahuano y el resto que los apoyó, a 19 años de aquel fatídico 6 de marzo, aún se recuerda el eficiente que realizaron los voluntarios de la época, quienes respondieron de manera eficaz gracias al trabajo coordinado entre los distintos organismos que participaron en la emergencia, entre ellos la Gobernación Marítima que dio todas las facilidades para que el personal bomberil ejerciera sus funciones de la mejor manera posible.
Asimismo, la disciplina entre los voluntarios fue un pilar fundamental para que este siniestro se desarrollara profesionalmente, donde las instrucciones que impartían los oficiales de mando fueron comprendidas de manera clara y efectiva.



Fuentes: Bomberos.cl / Cuerpo de Bomberos Metropolitano Sur / 9a. Compañía de Bomberos de Talcahuano

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